La importancia de las AFORE en México

| - Nicola Origgi 21 septiembre, 2016

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Como es costumbre en México en un tema tan delicado como las AFORE, impera el silencio y la indiferencia del gobierno y de los principales medios de comunicación.

Por Nicola Origgi 

 

Tratemos hacer un ejercicio de transposición al futuro. Solo avanzaremos unos cuantos años más, por ejemplo al 2030 – 2035. Para esa fecha ya se habrían jubilado los primeros mexicanos en virtud de la ley de las AFORE.

En la primera quincena de su jubilación la sorpresa será amarga para la gran mayoría de ellos, si no es que para prácticamente todos: la renta vitalicia será considerablemente más baja que su último sueldo y con toda probabilidad insuficiente para poder vivir con dignidad. Sin mencionar que las prácticas de discriminación laboral por edad ya tan normales en México – en barba a la LFT  y en medio del total desinterés de la autoridad– harán que para esas fechas muchas personas ni eso tendrán y, por razones más que obvias, ahora sí ya no serán productiva ni podrán generar un ingreso. México se volverá un país de “cerillitos”, “lavacoches”, “cuidacoches”, “arrimados”…En fin, un País de gente vieja y aún más pobre.

Es una bomba de tiempo sobre la cual, como es costumbre, impera el silencio y la indiferencia del gobierno y de los principales medios de comunicación. Como si no hablar de un problema hiciera que por arte de magia o intervención divina ese mismo se resolviera. Pero no será así. Hay que actuar. Y rápido.

En la reciente reunión de la Primera Convención Nacional de AFORES se propuso incrementar la aportación de salario de 6.5 por ciento al 15 por ciento del sueldo mensual. Una medida adecuada, pero no suficiente, considerando también el bajo nivel de los sueldos en nuestro país. Incentivar al ahorro individual y fomentar la cultura financiera ayuda, pero tampoco resolvería la raíz del problema. Regresaríamos nuevamente al punto de partida: los salarios que, para más de la mitad de la población, ni alcanzan para vivir.

El problema es estructural y radica en la  ya normalizada desigualdad mexicana:  la inequidad ahora sí afecta a todos e inhibe el crecimiento del país. El salario mínimo es el más bajo de todo el continente americano y no permite sobrevivir. El salario real se ha estancado y ha visto una merma del 75 por ciento respecto a 1976.  La inequidad trabaja día con día para que la bomba de relojería explote en un par de décadas (o tal vez antes). Es tiempo de hacer una sólida y seria política de redistribución de la renta, basada en más educación, más productividad, más innovación y por ende más salarios y más ahorros.

Nicola Origgi//Es consultor y capacitador en Marketing 2.0, colabora con empresas como Asesor Externo de Lateral Marketing y Agile Marketing. Tiene más de 15 años de experiencia en puestos directivos de mercadotecnia y comunicación. Además dedica parte de su tiempo a la docencia en instituciones como el Tec de Monterrey, la Universidad Panamericana y diversos diplomados. @Nicola_Origgi