Año nuevo, vida nueva

| - Lorena Vázquez 18 enero, 2016

anio nuevo int

Con el año nuevo vienen nuevos proyectos y metas, pero también es importante analizar las victorias y derrotas anteriores para seguir creciendo.

Por Lorena Vázquez

Este año empieza nuevecito, es una hoja en blanco que me emociona mucho empezar a diseñar. Para finalizar el año quise hacer un ejercicio de voltear atrás y hacer un recuento de algunas de las cosas que me enseñó este año que pasó. Aunque no siempre aplico todas estas enseñanzas que me dejó el 2015, ahí la llevo.

Este año aprendí que tengo que visualizar lo que quiero para mi vida y mi negocio para poder trabajar hacia eso.
Este año me dejó muy claro que querer algo no es suficiente, para llegar a donde quiero, tengo que saber hacia donde caminar y que pasos tengo que dar dentro de lo que está en mi control y las capacidades que tengo o puedo aprender.

Si no tengo mis metas claras, es como querer salir de viaje sin saber a dónde voy, qué tipo de viaje quiero hacer, por cuánto tiempo, qué necesito, con qué cuento, qué tengo que empacar o comprar, etc.

Mi papá siempre dice que lo que no se mide, no se puede mejorar. Aprendí que es muy importante ser específica al plantear mis metas y que si las divido en sub metas, en pequeños pasos concretos y medibles, puedo darme cuenta a tiempo si voy por buen camino o necesito hacer cambios (que es la mayoría de las veces).

Este año me enseñó lo valioso que es saber pedir ayuda.
El que no habla, Dios no lo oye. No hay nadie que tenga todas las respuestas o todas las habilidades. Victoria147 me ha enseñado a quitarme el miedo de preguntar y pedir ayuda o consejo. Definitivamente me di cuenta que sola puedes hacer muy poco, todo es un trabajo en equipo.

He sido muy afortunada de ser parte de esta red que me ha permitido conocer a grandes mujeres y a grandes personas que han donado su tiempo para hacer una diferencia en mi vida y en la de mi empresa.

Aprendí a no dejar que lo que no sé, me asuste. A rodearme de los que saben cómo hacer las cosas que yo no sé, a siempre tener un plan B y a entender que pedir ayuda es un signo de fortaleza y no de debilidad, es una señal de que quiero aprender y crecer. Cuando ya he hecho todo lo que está en mis manos, he aprendido a pedirle ayuda a Dios y a confiar.

Este año aprendí que rodearme de personas positivas hace toda la diferencia.
Aprendí que soy el promedio de las personas con las que paso más tiempo y la importancia de rodearme de personas que me inspiren, a dejar de enfocarme en los pequeños arrocitos negros.

Hay días con muchas broncas, es inevitable tener días malos. Ahora me doy cuenta de la importancia de proteger mi espacio positivo y desarmar la negatividad cambiando mi forma de pensar. El problema no son los problemones que son parte de cualquier emprendimiento, sino mi manera de reaccionar.

Quejarme, culpar y criticar no va a cambiar la situación, hay que centrarse en las soluciones y ver qué podemos hacer para no equivocarnos en lo mismo, enfocarse en el próximo paso positivo. Para este nuevo año voy a tener una política de cero tolerancia a la negatividad, en pocas palabras; si no aporta nada bueno… ¡Sáquese!

El 2015 me enseñó a reevaluar como mido el éxito y a celebrar los pequeños logros.
El éxito no son las victorias masivas. Son las pequeñas mejoras, esos momentos chiquitos que te hacen sonreír. Los grandes logros están realmente hechos de pequeñas victorias y derrotas. Me he dado cuenta que tomarme el tiempo de honrar y disfrutar los logros más pequeños, es lo que me da energía para que sucedan los sueños grandes y me regalan la alegría para seguir chambeando con corazón. Siempre va a haber retos cada vez más grandes, tomarme el tiempo de celebrar las pequeñas victorias y aprendizajes hace toda la diferencia. Este año me enseñó que celebrar es compartir los logros, es darle sentido a todo.