Así o más complejo

| - Ana Perez Cristo 13 marzo, 2015

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Últimamente me he vuelto fan de la serie Revenge, la cual me tiene picada y me ha hecho pensar varias cosas.

Para los que no la han visto, la serie cuenta la historia de Emily Thorne, una joven cuyo verdadero nombre es Amanda Clarke, quien tras descubrir la verdad sobre la muerte de su padre, David Clark (quien fue arrestado por cargos inventados de terrorismo, juzgado injustamente y condenado por traición a la patria), después de algunos años regresa a The Hamptons con su nueva identidad y un entrenamiento físico y mental convencida de vengarse de las personas que causaron la muerte de su padre.

Si bien, cada uno de los planes que ejecuta son a mí parecer impresionantes y hasta emocionantes, siempre termina existiendo cierto “daño colateral”. Lo que me hace pensar: ¿Hasta dónde vale la pena luchar por lo que quieres? ¿Qué tanto el fin justifica los medios?

“Daños Colaterales”… Siempre he creído que uno tiene que luchar por lo que quiere, ¿pero a costa de qué?

Todo en la vida tiene un costo de oportunidad. Evidentemente en la serie llega a un extremo: actuar a sangre fría para matar o encarcelar y acabar hiriendo a las personas que Emily quiere y no sólo a sus “enemigos”. No puede perder el tiempo con sentimentalismos y debe ser 100% racional.

 

¿Y en la vida real?

Los días tienen 24 horas, y suponiendo que llegamos a los 80 años tenemos 700,800 horas para lograr todo lo que nos propongamos.

Estando consciente de esto, quisiera cumplir mis metas de la manera más directa. Me gustaría pararme todos los días con un plan de acción sumamente inteligente que me permita conquistar el mundo. A veces el camino “más directo” puede implicar pasar por encima de alguna compañera de trabajo para subir de puesto, tener que hacer un fraude para conseguir millones de dólares, hackear bases de datos y falsear información o mentirle a mi familia y amigos sobre mi trabajo para evitar que se interpongan en mi camino. Pero, ¿estaría dispuesta?

Y no, la respuesta para mí es no. Aunque todos los días quisiera que mis planes salieran a la perfección, pueden ocurrir cosas inesperadas: más tráfico de lo pensado, que te pongan la araña del parquímetro, qué sé yo… Las cosas no siempre salen como esperas y a veces podrían resultar una pérdida de tiempo o dinero.

A final de cuentas, creo que ninguna circunstancia hace válido el pasar por encima de tus valores. En el camino tendré que hacer sacrificios que llevaran a un “daño colateral”, pero al final vale más la pena llegar a la meta o acercarse a ella de la mano de tus principios y poderlo compartir con las personas que quieres.