Bailando a mi son

| - Chantal Stoopen 2 junio, 2016

bailando

Dicen por ahí que las oportunidades bailan con aquellos que ya están en la pista de baile. Pues yo ya llevaba un gran rato fuera de ella y decidí regresar.

Por Chantal Stoopen

Cuatro años han pasado desde que me enteré que sería mamá por primera vez. En aquel entonces tomé la decisión de dejar mi profesión para comenzar lo que sería el camino más bello, gratificante, demandante y fuerte que he vivido.

Un camino donde tuve que madurar cosas que había dejado en el cajón, como el poner a un lado tu propia satisfacción para cumplir las necesidades de dos personitas que necesitan de mucho, a todas horas y todos los días.

Después de unos años llegó el momento de que entraran a la escuela y de nuevo se abrió un espacio para mi por las mañanas. Y al escribirlo no sé si brincar de emoción o soltarme a llorar. Nunca fui una mamá abnegada que rechaza planes con amigas o no sale con su pareja, lo que si es verdad  es que todas esas “escapadas” las planeaba en torno a que mis hijos estuvieran -bien cuidados y felices- en el mejor escenario para poder dejarlos. Lo que trato de expresar es que mi libertad como la había vivido antes de estos cuatro años, desapareció y tuve que reinventarme, adaptarme y aprender a gozar mi nueva yo.

Lo primero que me pregunté es ¿qué quiero ser? ¿a qué me quiero dedicar? ¿qué me apasiona en la vida? ¿cuánto tiempo quiero que me absorba esa pasión?

Y entre más me lo preguntaba, más me confundía, pues me gustan muchas cosas y no podía por el momento decidirme por una sola.

Mi padre siempre me ha dicho, “busca tu música, la vida es un baile”. Así que decidí parar por un rato la mente y mover mi cuerpo.

Justo enfrente de mi casa abrieron hace poco una academia de baile, donde bailarines profesionales se preparan, sin embargo también hay grupos de clases abiertas donde pueden participar principiantes como yo.

La disyuntiva era que entre todas las clases, las que más me gustaban eran en la tarde, cuando justamente buscaba lo contrario, usar mis mañanas libres. Pero decidí intentarlo y me regalé una hora diaria. Parecería de lo más simple, pero para mi fue un gran reto, lo que no había podido hacer por años llegó sin complejidad porque fue movido por una pasión personal, por el resultado de sentir menos carga, con nuevos retos y orgullosa de mis resultados.

Así entre los ritmos latinos de la conga, el cencerro y el güiro. Con movimientos que mi cuerpo jamás había conocido acompañando los tonos del laúd, la darbuka y los crótalos de la música árabe. Mi mente encontró paz, mis piernas  rumbo y mi alma la electricidad que dejé hace tiempo, no recuerdo donde.

Por supuesto que mi hedonismo no se satisfizo y busque más. Fue entonces entre zapatillas y brea, entre Tchaikovsky y Stravinsky, con bastante rigidez y profesionalismo en cada clase, que encontré la disciplina, las barreras a romper, la frustración y la gloria al tornear o no bien las piernas, al equivocarme o fluir con el pas de bourrée.

También vino el cansancio físico, el lograr que los tiempos encajen, el no descuidar mi casa, el estar con energía para los míos. ¡Pero lo vale todo! Por cada vez que deslizo mis mallas rosas por mis piernas, que hago sonar las monedas de mi pareo, que no puedo evitar cantar con los ojos cerrados “Je l’aime à mourir” versión salsa.

El otro día mi hijo de 3 años pidió acompañarme. “Te portas bien Patricio”, le supliqué. No dejaba de verme y cuando nos mirábamos me sonreía. “Mamá bailas muy bonito”, me dijo. Yo me sentí la dueña del mundo. ¿Qué puedes dejarles mejor que el ejemplo?

Esta semana comencé a juntarme con una amiga, tenemos varias pasiones y proyectos en común y la intención de llevarlos al campo profesional. Son apenas ideas que van tomando forma poco a poco. Puede ser entonces que mi mente este aclarándose y que se dirija hacia donde mi corazón me llama. Mi corazón de mujer capaz, guerrera y emprendedora.

Cada noche pienso en las mujeres motivadas, que rompen paradigmas, que hacen malabares con sus tiempos para lograr un equilibrio, para bailar al compás. No dejo de pensar en cada una de ustedes, en lo afortunadas que son de haber encontrado su camino, el reconocimiento de su profesión, el empoderamiento de su esencia. Pienso en lo admirables que se han convertido, en la mirada orgullosa de cada uno de sus hijos, de su pareja, de sus padres,de ustedes mismas.

¡Bravo a todas nosotras! No dejemos la música, no oxidemos nuestros impulsos. La vida es un baile.