Cambiando las pistolas por los libros y los ghettos por parques

| - Sofia Villa Boy 11 diciembre, 2015

cartagena INT

Por Sofía Villa

Acabo de regresar de Colombia y estoy fascinada. Me gustó todo: Bogotá, Medellín, Santa Marta y la región de la Guajira. Eso sí, me fui impresionada de Medellín y creo que se lo debo al guía que nos llevó a caminar por el centro de la ciudad. Nos contó la historia, de forma simplista y con uno que otro mal chiste, de una ciudad que hace poco más de 100 años fuera punta de lanza en desarrollo tecnológico e innovación, 30 años atrás fuera cuna del crimen y víctima del narcotráfico, y recientemente (o ya no tanto) resurgiera para ser capital de la innovación y la educación de Colombia.

Se han hecho muchas cosas en Medellín para cambiar tanto la calidad de vida como la reputación de la ciudad. Ojo, sigue teniendo zonas y horas de riesgo, pero por lo menos a mí me tocó una ciudad caminable, con personas sumamente amigables e interesadas en los turistas, porque al parecer siguen siendo novedad.

Creo que lo que más me impactó fue la forma en que han logrado integrar a los barrios “de mala muerte” en el desarrollo de la ciudad. Los últimos gobiernos han implementado políticas de seguridad, educación e infraestructura que han dado una nueva cara a esas colonias y una mejor vida a sus habitantes.

Si te subes al metro y llegas a la estación de Santo Domingo, puedes hacer el transbordo al metro cable, que pasa por encima de las “afueras” de la ciudad. El metro cable funciona hace 20 años con el objetivo de crear un sistema de transporte cómodo y mucho más seguro para las personas que trabajan en el centro de la ciudad pero viven en los alrededores. No sólo eso, la siguiente parada está en medio de Santo Domingo, un barrio nada recomendable hace algunos años, pero donde hoy encuentras uno de los 10 parques con biblioteca que se han construido para fomentar la cultura, la educación y la convivencia en esas comunidades. El Parque Biblioteca España estaba cerrado ese día, pero la fachada la hace parecer una roca negra en medio del cerro y se instaló ahí para acercar la educación a los niños y adultos de esa comunidad – un poco con la filosofía de Mahoma yendo a la montaña. Otro de esos parques está en la Plaza de las Luces, que fuera un ghetto del que no te aseguraban que salieras íntegro y que está en el centro de la ciudad.

Así, el gobierno ha ido implementando políticas de desarrollo por medio de la educación y la infraestructura para cambiar su ciudad. Y han logrado lo mejor: una participación activa de los ciudadanos, que entienden el beneficio de estos cambios y cuidan su sistema de transporte, participan en las campañas de las bibliotecas y se acercan a los libros, sin importar la edad. En pocas palabras, el cambio en Medellín es 50% gracias a las políticas públicas y 50% gracias a los ciudadanos. Esto se llama cultura cívica.

Obviamente, me quedé pensando en cómo no nos parecemos a ellos. Me encantaría decir lo contrario, pero en mi ciudad las bibliotecas son espacios poco habitados y apreciados; seguimos escribiendo en las ventanas del metro “el Jennifer estuvo aquí” y “&%$# el que lo lea”, bien desarrollados nosotros. Y TODO es SIEMPRE culpa de un mal gobierno, tan inocentes nosotros que perdemos nuestras basuritas en la calle y seguimos “dándole al poli pa’l chesco” con tal de que nos perdone la multa porque “juro que no lo vuelvo a hacer, ni me había dado cuenta que estaba prohibido”. Ojalá aprendiéramos un poco de esa ciudad que ha logrado resurgir para promover la innovación y la educación. Si todos participamos mucho más activamente en la integración de las diferentes colonias que forman parte del “defectuoso” y fomentamos eventos y campañas culturales, quizá en unos años, no podamos seguir llamándolo así. Aunque tienen mucho por hacer aún, y son tan víctimas de la corrupción como nosotros, considero Medellín un caso de éxito en proceso.