Cinco consejos para hacer las paces con tu cuerpo

| - Victoria147 11 agosto, 2017

Éstas son las herramientas para tomar conciencia y encontrar el equilibrio entre la mente, las emociones y el cuerpo.

Por Belén del Valle para Womanful

 

Si nuestro cuerpo hablara el mismo idioma que nosotros, probablemente, en la mayoría de los casos no le faltarían ganas de insultarnos o, por lo menos, nos suplicaría que volteáramos a verlo y tomáramos en cuenta su opinión, de la misma manera que un niño pequeño exige la atención de un adulto cuando siente que nadie se ocupa de él por un rato.

Tomamos tan a la ligera el cuidado de nuestro cuerpo -el único que tenemos para lo que resta de nuestra vida, por cierto-. Pasa el tiempo y sea cual sea el prototipo de belleza, estamos rodeados de estereotipos y patrones a los cuales “debemos” apegarnos, de lo contrario, somos señalados y etiquetados, dejando de pertenecer a un selecto grupo de seres humanos privilegiados que poseen el tan ansiado físico ideal.

Sin embargo… ¿tener un “físico perfecto” (¿según quién?) es realmente cuidar al cuerpo?

Es innegable que somos seres integrales y la mayoría de los síntomas físicos, desde nuestra postura, manera de caminar, sentarnos y hasta un padecimiento o enfermedad, tienen su raíz más allá de lo evidente o de lo que sale a la luz una vez que el cuerpo grita después de haber llorado en silencio durante mucho tiempo porque no lo escuchamos, así que, en muchas ocasiones, los medicamentos, tratamientos médicos, dietas especiales o específicas resultan un paliativo y lo único que hacemos a lo largo de nuestra vida es ir “parchando” o “remendando” agujeros sin sumergirnos profundamente en la conexión de lo físico con lo psico-emocional.

Que quede muy claro que, con todo esto, no estoy queriendo decir que no existan enfermedades reales y que los médicos dejen de ser necesarios. Al contrario, nunca dejarán de ser indispensables y merecedores de mi más grande respeto.

Mucho menos pretendo que, si tienes uno de esos dolores de muela que te hacen acordarte de todas las maldiciones conocidas o desconocidas, pienses primero en qué clase de bloqueos emocionales tienes para que la vida te torture con semejante suplicio.

Por supuesto que lo primero que harás será correr al dentista y quitarte ese dolor, pero tal vez, más adelante, puedes tomarte un tiempo y averiguar qué has dejado de hacer o qué pudiste hacer diferente para evitar ese padecimiento.

Ahí es a donde quiero llegar. La enfermedad (exceptuando algunos casos en que ésta ataca inexplicablemente), en cierta forma, te avisa que te estás equivocando de camino y, lo mejor de todo, es que nunca es mal momento para tomar la siguiente salida y cambiar la ruta.

¿Qué tiene que ver esta conexión con el cuerpo?

TODO. Absolutamente todo lo que va sucediendo en nuestro día a día está relacionado con nuestro nivel de toma de conciencia. Cada decisión, grande o pequeña, consciente o inconsciente, rutinaria o inusual, trivial o fundamental, trae consigo una serie de consecuencias que determinan el camino en el que elegimos adentrarnos. Por lo tanto, mientras mayor sea nuestra conciencia, mejores decisiones tomaremos, por el simple hecho de hacerlo de manera congruente entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Dicho esto, hay una pregunta que me gustaría plantear y, aunque puede resultar bastante obvia, la considero muy necesaria: ¿Qué estoy haciendo hoy con mi cuerpo, esa máquina perfecta que siempre da la cara por mí, que siempre tiene un as bajo la manga para intentar enmendar de la mejor manera posible lo que no tendría por qué ser enmendado?

Actualmente, todo nos lleva a la necesidad de obtener satisfacción y resultados inmediatos en todos los sentidos. Todo seguirá avanzando en esta dirección en la medida en que la impaciencia siga peleada con el esfuerzo sostenido y parece que no nos queda tiempo para hacer pausas, para saborear los verdaderos logros, para volver a elegir el camino largo, para entender que hay que cruzar la oscuridad para llegar a la luz…

Con certeza, podría afirmar que la mayoría de nosotros hemos escuchado en algún momento comentarios como: “¡qué bien te ves! ¿qué estás haciendo?” o “pásame tu dieta, por favor, ¡me urge bajar de peso para entrar en el vestido!”, por poner algún ejemplo. Esto nos resulta tan familiar que, probablemente, en automático respondemos compartiendo nuestro “remedio milagroso” y habremos sido los artífices de un momento de felicidad pasajera porque la verdadera, “amarga” y única realidad es que no hay cambio que dure si no viene desde el interior.

Y esto no es una receta de cocina, ni encontrar el machote de la dieta A, B o C. Tampoco se trata de dejarse la vida en el gym como si no hubiera un mañana o de hincharse a pastillas o suplementos para intentar suplir lo que naturalmente le negamos a nuestro cuerpo. La respuesta está en tu interior, en tu equilibrio, en tus decisiones más básicas, en aprender a escuchar lo que es evidente: Si te hace sentir mal, algo no está funcionando. Si te hace sentir bien, síguelo haciendo porque es para ti.

Un día, haces las paces con la mente, después de un proceso largo y doloroso, lleno de altas y bajas, de culpas, de miedos, de enojos y reconciliaciones con uno mismo, con el cuerpo, con la autodestrucción… Una vez estando ahí, solo con tu conciencia, todo empieza a ser más sencillo porque hay paz y congruencia. Probablemente no lo logres solo porque esta transformación requiere algo más que una intención, necesita pasos firmes, con conocimiento, con convicción, con determinación y, sobre todo, con amor propio.

“Ámate a ti mismo y lo demás vendrá solo. Necesitas quererte para poder hacer cualquier cosa en la vida.”, Lucille Ball 

En mi experiencia, éstas son las herramientas para lograr este proceso de toma de conciencia y encontrar el equilibrio entre la mente, las emociones y el cuerpo:

1. NUTRICION CONSCIENTE. Adéntrate en lo natural, descubre las maravillas de los alimentos, los colores y lo que cada uno aporta para el funcionamiento del cuerpo. Deja de preguntarte: “¿esto engorda?” y empieza a cuestionarte: “¿esto me nutre?”. Encuentra la alimentación que mejor te funcione a ti, escuchando a tu cuerpo, conociéndote y amándote con la conciencia tranquila.

2. CAMBIO DE HÁBITOS. Empieza por hacer pausas para preguntarte: “¿esta decisión me acerca a mi mejor versión?”. Llena tu vida de personas y actividades que sumen, que aporten, que te nutran emocionalmente, que te impulsen a crecer. Prueba y error, ésa es la fórmula, siempre y cuando lo que emprendas te haga sentido.

3. ESTILO DE VIDA SOSTENIBLE. Busca la manera de que lo que hagas te convenza, te guste, te apasione y puedas verte haciendo eso durante mucho tiempo como un estilo de vida. Disfruta el camino, la comida, el ejercicio, el trabajo, los momentos de soledad… Vive a tu manera, con congruencia.

4. GUÍA Y ACOMPAÑAMIENTO. No practiques la “todología” o le juegues al “yo puedo solo”, está comprobado que no funciona. Todos necesitamos ayuda y eso no te quita puntos. Haz tu red de apoyo, consulta profesionales, déjate acompañar en el proceso, eso lo hará más fácil.

5. ÁMATE LO SUFICIENTE PARA LLEVAR UN ESTILO DE VIDA SALUDABLE. ¿De verdad estamos priorizando correctamente? ¿de qué nos sirve todo lo que anteponemos en nuestro día a día si nos estamos acabando lo único que nos va a acompañar hasta el final? Todo lo demás lo tenemos por añadidura.

La pregunta es: ¿venimos a este mundo a vivir o a sobrevivir?

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