¡No olvides disfrutar la vida!

| - Sandrine Dupriez 9 junio, 2015

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Invertir tu tiempo en no hacer nada también es una forma de alcanzar satisfacción ya que relajarte te ayuda a enfocarte mejor.

 

Según un proverbio chino, “un día de ocio, es un día de inmortalidad”. ¡Algunas personas deben ser más inmortales que otras si se confía en las reducidas horas de trabajo de las cuales se benefician! La posibilidad de disponer de su tiempo a lo largo de los años fue el privilegio de algunas clases sociales o algunos grupos de individuos, pero esa época ya pasó y la base de nuestra civilización se caracteriza por la libertad de cada uno en su pensamiento, creencias, opiniones, trabajo y ocios.

¡Ser capaz de ocupar inteligentemente tus ocios es clave! No hay que caer en lo que alaba la sociedad de masa: nada de trabajo, buscando únicamente los ocios. Eso nos indica que el concepto de ocio a menudo se confunde con la pereza. ¡El ocio es hacer lo que nos agrada y, para muchos, es el placer de no hacer nada! ¡Sólo hay que examinar lo que nos propone la industria del ocio para ver que su primer objetivo no es agitar nuestras neuronas sino proponernos una serie de actividades más vegetativas las unas que las otras!

¿Cuáles son tus ocios? La mujer y el hombre del futuro valdrá lo que valdrán sus ocios, la élite profesional se reconocerá por la forma en que disponga de su tiempo, elija sus actividades y sus distracciones. No hay que olvidar que el trabajo y los ocios son vasos comunicantes y que uno no se aprecia sin otro, son dos conceptos que se influyen mutuamente, es decir nuestro desarrollo personal es más armonioso cuando conseguimos combinar los dos.

Mark Twain ya decía que “el secreto del éxito es hacer de tu vocación tus vacaciones”, William Shakespeare señalaba que “si se pasaba el año entero de vacaciones, divertirse sería tan agotador como trabajar” y Séneca, mucho antes de ellos, afirmaba que “en cualquier situación, encontrarás entretenimientos, descansos y placeres, si tomas a la ligera los malos momentos, en lugar de volverlos intolerables”. ¡La calidad de nuestros ocios es, pues, una cuestión de actitud!