El fin del malvado gasto hormiga

| - Roberto Morán 23 julio, 2015

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Existen acciones puntuales que puedes seguir para eliminar el gasto hormiga que drena tu cartera y te causa remordimiento cada que se acaba la quincena.

 

El gasto hormiga es el tema favorito de los principiantes cuando se las quieren dar de muy listos en finanzas personales: “A ver Joven Carrasco, láncese a la calle y pregúntele a la gente cuáles son sus gastos hormiga, los gastos pequeñitos de todos los días, y después escriba un artículo que diga que eso está mal, muy mal, porque ahí se le va su dinero a la gente”. Y ahí va el Joven Carrasco a sacar las mismas conclusiones de los 290,000 artículos que da una búsqueda de Google: la gente gasta todos los días en cosas que no necesita y si dejara de hacerlo tendría ¡mucho dinero ahorrado! ¡Duh!

Todos tenemos ejemplos de cosas en las que no deberían gastar los demás. Por ejemplo, mi prima gasta un montón en zapatos; mi cuñado tiene una enorme colección de tenis que, como se puede ver por su panzota, no usa, y Chonita diario se compra su café, por no hablar de la tía Lucrecia que no para de fumar. Y a nosotros ¡¿qué nos importa?! Es más, a la Condusef, el organismo del gobierno que se supone que nos defiende de los bancos y similares, y a la Profeco, que nos defiende de los abusos de los comercios, ¿qué les importa? Pero ahí están los dos a cada rato sacando artículos sobre lo millonarios que seríamos si no hiciéramos gastos hormiga. ¿No me creen? Aquí hay un artículo de la Profeco.

Esos dos artículos son verdades de Pero Grullo, un personaje muy antiguo del que se contaba que siempre salía con afirmaciones tan obvias que era un oso nada más de decirlas. Afirmaciones como esta: Si gastas en cosas que no necesitas, por ahí se te va el dinero.

Les decía que para todos es muy fácil encontrar ejemplos de los malos gastos que hacen los demás, porque uno nunca cree que gaste en algo que no debería. Que si quiero ir a tomar una cerveza con los amigos. Pues para eso trabajo, ¿no? Que si quiero comprarme otro par de zapatos. Para eso trabajo.

Todo en lo que gasto satisface una necesidad. Y por eso uno no puede dejar de hacer los gastos hormiga en cuanto termina de leer los sesudos artículos de “educación financiera” (¿vieron las comillas?). A ver, ¿de verdad creen que la tía Lucrecia fuma porque es tonta y no sabe que es dinero tirado a la basura? Fumar, aunque es un vicio, o precisamente porque es un vicio, satisface una necesidad del cuerpo: tener más dopamina, una hormona que nos da una sensación de placer. Para dejar de fumar, a la tía Lucrecia no le basta con proponérselo, tiene que encontrar la manera en que su cuerpo compense lo que el cigarro le está dando. ¡Y que lo haga rápido, porque fumar mata y arruga la cara, que es peor!

Y lo mismo con los zapatos. O, como ha sido mi caso muchas veces, las cervezas de los jueves con los compañeros de trabajo, a las que iba cada vez que quería quejarme del jefe y de las horribles condiciones laborales de la empresa. En lugar de enfrentar al jefe, de cambiar de trabajo o de modificar las condiciones laborales, ahí iba cada jueves a lloriquear con los compañeros.

¿Hay cosas en las que, según ustedes no deberían estar gastando? Entonces, ¿por qué lo hacen? Yo creo que tendríamos que preguntarnos qué necesidad estamos satisfaciendo con eso. Hay algunas necesidades muy raras, que a lo mejor sólo se descubren yendo a terapia. ¿Por qué me escapo al centro comercial cada vez que me peleo con mi esposa? ¿Qué estoy compensando? No sé, seguro tengo la respuesta en lo más profundo de mi ser, pero a la mejor necesito ayuda profesional para encontrarla.

Hay otra cosa que se me hace triste cuando se habla de los gastos hormiga. En cuanto uno empieza a decir en qué se le va el dinero, entre los primeros culpables salen el “viene-viene” del estacionamiento o el cerillo del súper. Ya déjenlos en paz, con los 5 pesos que les dan no los van a hacer millonarios. En cambio, por ahí seguro están pagando una mensualidad del gimnasio al que no van o recargando la tarjeta de “prepago” (qué nombre más espantoso) del celular en lugar de contratar un plan con minutos más baratos. Con esos gastos hay que acabar, con los que ni siquiera nos dan un gustito de vez en cuando, como presumir el vasito de la sirenita con el café cuando uno llega a la oficina en plan de película de Nueva York.

Y por último: ¿Sabían que privarse de algo los pone de malas? Por ejemplo, si tienen muchas ganas de comerse una galletita en la comida y se aguantan, para la noche se van a vengar comiéndose un pastel de chocolate, o si se niegan el Starbucks de la mañana, al rato van a querer comprar seis blusas en Zara. Nos encanta compensar el sacrificio. Es como cuando en el trabajo no vamos el lunes, porque el jefe nos hizo quedarnos una hora más el viernes. Y cuando nos sacrificamos, por ejemplo, no gastando en el cafecito de la mañana, al rato andamos de malas y con ganas de vengarnos del mundo, como dice este artículo de Scientific America.

La SOLUCIÓN en tres pasos:

  1. Saber qué necesidad queremos satisfacer con nuestros gastos locos. Si es algo muy necesario, como echar el chisme con las amigas, órale, qué padre ese café; si es por pura inercia, pues no.
  2. Ser más positivo. En lugar de privarse de cosas, buscar algo con qué sustituirlas. Es como con los perritos, si quieres que suelten esa servilleta mugrosa, les tienes que hacer sonar una pelotita para distraerlos. Si creen que no necesitan ese café, la próxima vez pidan algo más barato en el Starbucks, hasta que se vaya perdiendo la costumbre.
  3. Los autores del libro Happy Money dicen que lo mejor es convertir los gastos de todos los días en algo especial. En lugar de gastar todos los días en lo mismo, hacer ese gasto sólo para festejar algo muy divertido.

Por si se quedan picados sobre cómo gastar para ser felices, aquí les dejo un video de uno de los autores del libro Happy Money.