Inditex, me estás dejando pobre.

| - Maria Santarini 4 noviembre, 2015

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Con el boom del e-commerce mexicano en el horizonte y cada vez más marcas tradicionales abriendo tiendas en línea, mis estados bancarios sufren las consecuencias.

Por María Santarini

Fue tan sólo hace un año que mi hermana recibió una cajita negra de Zara con un mensaje corto y conciso: “Hello”. Este saludo venía acompañado de un certificado de regalo para comprar en la tienda en línea de la conocida cadena española (no me compartió ni un peso, por si traían el pendiente) que abrió sus puertas virtuales el tres de septiembre del año pasado.

Acto seguido, las demás marcas de Grupo Inditex llenaron nuestras redes sociales con promociones que prometían envíos gratis y descuentos especiales a cambio de nuestro nombre, correo electrónico, ingreso disponible y alma. Yo fui tan sólo una de las muchas mujeres mexicanas que empezaron a salivar en el momento en el que apareció un ícono de carrito en la esquina derecha de Zara.com, y no paré hasta que también recibí paquetes de Stradivarius, Bershka y Pull and Bear.

Nunca había confiado demasiado en las compras en línea, sobre todo porque implicaba ordenar cosas al extranjero y depender del maravilloso servicio de Correos Mexicanos. Mientras mi hermana recibía parcelas cuasi mensuales de Urban Outfitters, yo tenía carritos repletos de ítems digitales en cualquier tienda en línea con envío a México. Sobra decir que ninguna de estas prendas vieron la luz del botón “comprar”.

Por ello, en cuanto pude probar lo que es que llegue tu shopping a tu casa me volví irremediablemente adicta a comprar por internet. Después de algunos meses no sólo era Zara, estaba recibiendo paquetes de Linio, Privalia y Sacional semanalmente. Pasaba horas hojeando los mil newsletters que todavía llenan mi bandeja de entrada (que gracias a Gmail, ya no llegan a mi buzón principal) viendo ofertas, cupones de descuento y nuevos productos convencida de que lo único que faltaba en mi vida eran una máquina de palomitas y un saco de terciopelo.

Después de algunos meses superé la ansiedad de abrir cada mail de Zara y compañía, poco después los correos no leídos en mi carpeta de promociones superaron los 10,000. Fue entonces cuando creí que estaba curada… Me duró el día y la víspera el chistecito. Dos meses después abrieron Amazon México y luego, sin dejarme ni respirar, Forever 21.

Para mí, el problema de comprar en línea es que no estoy 100% consciente del gasto porque no hay una transacción con otra persona que me diga en voz alta cuánto estoy gastando en cosas que ni siquiera necesito. Sé que comprar por internet tienen muchos beneficios, especialmente en tiendas como Zara que no tienen el mismo surtido y definitivamente no todas las tallas. Pero, ¿les costaría mucho incluir una pantalla con el total de tu cuenta en números grandes y rojos antes de finalizar la compra? Hasta que esto sea una realidad (o H&M.com permita compras) creo que volveré a la modalidad de hacer shopping en vivo y en directo bajo los ojos juzgadores de mi madre.