La desastrosa sensación de ser la mala del cuento

| - Isa 22 mayo, 2015

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¿Cuantas veces no te has sentido la persona más vil de la tierra, la menos comprensible y la más malvada? Si eres mamá seguramente más de una ocasión y sobre todo en momentos clave como la hora de bañarse, dormir o negar una petición de golosina (por lo general).

Sin duda ser la mala del cuento no es nada lindo y sí demasiado agotador anímicamente hablando. Después de una escena de gran “drama” en donde tienes que agarrar fuerzas (de no sé dónde) para no rendirte ante el capricho (que en verdad es un gran reto, porque lo más fácil es castigar o lo que la antigua escuela hacia: la famosa nalgada “estate quieta”) terminas como si hubieras hecho media hora de corredora a velocidad 10, pero sin la sensación final de felicidad.

Ser la mala del cuento no siempre es tan malo, finalmente es la manera en la que tienes que hacer ver a los hijos que hay reglas, límites y compromisos. Sino, ¡imagínense, estaríamos educando a pequeños tiranos!, que al crecer son unos monstruos de aquellos porque no conocen el NO y creen que siempre pueden conseguir lo que quieran sin importar sobre de quién tengan que pasar; ¡y vamos, el país (mundo) ya no está para seguir solventando este tipo de personas!

Conocer los límites, saber ser empático y entender que en ocasiones se pueden obtener las cosas y en otras no, ayuda a los niños a desarrollar la tolerancia a la frustración y eso, créanme que es una gran herramienta para el futuro cuando uno está ejerciendo ya sea dentro de una empresa o bien como emprendedora.

Trabajar por lo que uno quiere, entender cómo lograrlo y alcanzarlo es un proceso lleno de aprendizajes, de altos y bajos que debes capitalizar en positivo. Solo así uno logra realmente conocerse, conocer el entorno y saber cómo manejar la frustración.

Algunos expertos (extranjeros sobre todo) comentan que el mexicano no sabe decir no, a todo le “entra”, y al final se mete el pie solito al no poder cumplir con las expectativas que se tenían de él. El saber decir NO (inteligente), se aprende desde chico y eso es algo que los papás “modernos”, llenos de culpas por el poco tiempo de calidad que le dedican a sus hijos, tratan de evitar. Prefieren ser “el amigo buena onda” que a todo dice que sí, el que acepta cualquier berrinche y cubre su vacío con cosas materiales, a ser los malos del cuento y sentirse “odiados”’por sus hijos.

Yo no sé que haga más daño, “ser la mala” y tratar de enseñar a tus hijos límites y manejo de frustración o ser el “amigo” al que le toman la medida y da a entender a sus hijos que puede salirse con la suya con un poco de maña, llanto y hacer sentir mal al otro.

Pero lo que sí sé es que prefiero ser la “mala” hoy, que formar a una persona insensible, caprichosa, poco empática y sin saber cómo manejar la frustración y revertir los altibajos en oportunidades.

Dos puntos importantes:

  1. Anteriormente mencioné “no inteligente”, con eso me refiero a saber decidir cuándo es válido decir No; ya que es imposible responder a todo con una negativa. Así como “reprimes”, también debes de saber decir Sí, premiar, felicitar y reconocer.
  2. La mala del cuento no es un juego de rol, ni tampoco un sinónimo de mamá. Poner límites es trabajo de ambos padres. Y no se vale que cuando uno tiene que regañar, el otro asuma el papel de “buena onda”. Al contrario, ambos deben estar en el mismo canal y no dar doble discurso a los niños.

 

La tarea que dejo para esta ocasión es “sencilla”: cuidemos cómo nos dirigimos a la gente y cómo actuamos. ¿somos congruentes? Eduquemos con el ejemplo y seamos más tolerantes a la frustración, seamos más agradecidos por lo que tenemos y tratemos de evitar no’s innecesarios. Formemos niños física, mental y emocionalmente sanos; las empresas (y el mundo) se los agradecerá.