La maternidad y el trabajo

| - Griselda Hernández 15 diciembre, 2014

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Una de las decisiones más difíciles que debe tomar la mujer en su trayectoria profesional va acompañada también de otra muy hermosa, pero a la vez difícil de tomar a nivel personal. En ambos casos, esta decisión está relacionada con la etapa más maravillosa de la vida de la mujer, que cuando toma la decisión de vivirla, la lleva a esa encrucijada o disyuntiva, el nombre de ésta es: maternidad.

Tal vez al leer este primer párrafo, muchas personas se cuestionaran el porqué. Es una realidad que el deber ser, la educación y la cultura, juegan un papel preponderante y son nuestros más feroces jueces y críticos, en esta tan importante decisión.

Quisiera compartirles, en esta ocasión, algo de mi experiencia, ya que he tenido la fortuna de ser mamá de dos maravillosos hijos, de los cuáles estoy muy orgullosa y han sido mi gran motor en la vida. Desde su concepción, nacimiento y crecimiento han estado inmersos y han formado parte importante y clave en mi desarrollo y logros profesionales.

Fue con gran ilusión que esperaba la llegada de ese bebe maravilloso que convivía dentro de mí por ya casi 9 meses, su llegada marcaba una nueva etapa en mi vida y con ello las expectativas de lo que sucedería.

La primera sorpresa en el proceso inició cuando llegó el tiempo de determinar la fecha de la incapacidad. Me sentía muy bien y contenta, decidí solicitar que la incapacidad iniciara a partir del día que naciera mi bebé. La primera respuesta y de sorpresa, fue un rotundo ¡NO! Tenía que tomarla 41 días antes del nacimiento y 41 días después de nacido el bebé pues así lo determinaba el IMSS. Y de no hacerlo así, ponía en riesgo a la Empresa por incumplimiento, así que no había opción.

Al mismo tiempo que esto sucedía, en la Empresa se llevaría a cabo una reunión importante a la que deseaba asistir, se comentarían los resultados obtenidos, y para ese entonces, yo ya era accionista de la misma, por lo que decidí ir a la reunión como una accionista. Acostumbrada al ritmo de trabajo, estos primeros 41 días, representaron un gran reto, pues me hacía falta la actividad profesional, a la cual no tenía acceso, en esa época, ni siquiera a considerar realizar de manera remota.

Nació mi hermosa hija, por supuesto, siendo primeriza, la fecha se me adelantó, lo que me llevó a que en vez de 41 días antes del nacimiento solo disfrutara 21 días. Una vez transcurrido el tiempo, y la decisión tomada de que ella iría a una guardería, llegó el día de pasar a dejarla antes de re iniciar la vida profesional.

Hoy recuerdo, como si fuera ayer, el sentimiento de inmensa culpa que me abordó y me acompañó todo el día, las lágrimas al dejarla, ella tan pequeña e indefensa en manos de extraños, me decía a mí misma: ¡realmente soy una mala madre!

Sin embargo, tomada la decisión, seguí adelante, mi interés era poder hacer lo necesario para lograr mi desarrollo profesional y con ello brindarle oportunidades a mi hija que no estuvieron a mi alcance en su momento.

Llegué al trabajo, la recepción fue fría e indiferente, por supuesto, el trabajo en ese periodo debía continuar, alguien más lo hizo por mí en mi ausencia. Prueba de ello fue que, a los pocos meses, fui transferida a otro edificio. ¡Qué impacto tuvo esto!, empezar de nuevo a construir todo y una vez más demostrarme a mi misma de lo que era capaz. Sin mencionar todas las decisiones que se tomaban por mí, sin ni siquiera preguntarme, de lo que podría o no hacer, si podría viajar o no, si podría seguir ascendiendo en mi desarrollo profesional o no, si me quedaría o no, etc., etc., etc.

Mi reacción, dar más del 100% de mi misma en lo profesional, a no permitir que tomarán las decisiones por mí, a demostrar que podía iniciar de nuevo, que podía trabajar sin horarios, a viajar de lunes a viernes, nacional e internacionalmente, a que nunca usarán mi maternidad como un impedimento para mi crecimiento.

El objetivo era claro, quería llegar a un puesto de Dirección en la Compañía y con ello poder darle a mi hija un ejemplo de vida para que ella no tuviera que vivir lo mismo que yo. La solución en un principio fue la guardería, después se requirió de un sistema de soporte en casa, puesto que la historia se repitió nuevamente un año once meses después, con la llegada de mi segundo hijo.

Sin embargo, es una realidad que como mamás y profesionistas, siempre velamos por nuestros hijos, no importa dónde estemos y que estemos haciendo, sabemos qué, cómo, cuándo y dónde están y resolvemos aquello que les haga falta y los apoyamos en los momentos claves e importantes de sus vidas: calidad y no cantidad.

Fui muy criticada, por mi ex esposo y por nuestras familias. Pero hoy les digo a ustedes mujeres profesionistas, para entenderlo, tendrían que haber estado en mi lugar, haber tenido mis sueños y mis objetivos de vida y más importante, compartirlos.

Hoy puedo decirles con la frente en alto, que no me arrepiento de nada, que enfrenté y superé todos mis miedos en el proceso de la maternidad. Que aunque dudé, no me arrepiento de cada paso que dí y que estas decisiones le dieron a mis hijos experiencias de vida que se tradujeron en herramientas para ser personas de bien, con la capacidad de tomar decisiones, socializar, equivocarse, corregir y entender, que cada uno de nosotros tenemos un rol de vida que amamos y que lo más importante, es ser felices y hacerlo con la mejor actitud y la pasión para disfrutarlo todos los días.

 

Sobre el autor
Ma. Griselda Hernández es la actual Directora General de Kelly Services México, empresa fundadora del outsourcing en Recursos Humanos con 68 años de experiencia a nivel mundial en más de 40 países. Cuenta con una exitosa trayectoria de más de 23 años de experiencia a nivel Gerencial y Alta Dirección en las áreas de Operaciones, Atención a Clientes, Mercadotecnia y Ventas. Ha sido reconocida como una de las 50 mujeres más poderosas en el mundo de los negocios en México, por la revista Expansión; Top Five de empresarias mexicanas por la revista Alto Nivel; el sitio web Latin Business Chronicle’s la mencionó en el ranking de las 25 mujeres de negocios más exitosas de Latinoamérica; y Stevie’s Award a la Mujer Latinoamericana Corporativa más valiosa 2008 recibido en Nueva York.
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