Manejo de la comunicación no violenta

| - Saskia de Winter 10 agosto, 2015

violencia verbal INT

Expresarnos de manera violenta se vuelve frecuente cuando estamos en episodios de mucho estrés, tristeza o enojo. Pero éstas no son necesariamente la fuente que detona nuestro comportamiento violento.

Los seres humanos podemos tener cierta tendencia a comunicarnos de modo violento si estamos bajo la influencia de estrés, la frustración, el enojo o la tristeza. Cuando las cosas no resultan exactamente como deseamos, quizás somos invadidos por la ira y el reclamo hacia los demás.

Es importante notar que no es exactamente lo que “nos hacen” los demás lo que provoca que nos enojemos: en realidad, ya estamos enojados por otras razones y el diálogo con esa persona dispara los mecanismos de enojo y frustración.

Inclusive, muchas veces los seres humanos ni siquiera distinguen entre pensamientos y sentimientos. A veces le he preguntado a la gente qué es lo que siente y me responden que necesitan hablar con alguien. “Hablar con alguien” no es un sentimiento. Es una necesidad y proviene de un pensamiento, pero no es un sentimiento. Las emociones y sentimientos sirven mayormente para que una persona pueda determinar sus necesidades, qué es lo que su alma y su cuerpo necesitan.

Un mecanismo rápido y eficiente para comunicar nuestra incomodidad es con el siguiente formato:

– “Me siento” (sentimiento): triste, enojado, incómodo, afectado.
– “Si tu” acción es: Ejemplo: “No sacas la basura”, “no acomodas tus cosas”, “no me llamas por teléfono”.
– Y lo que yo, necesito de ti es: que por favor me tomes en cuenta mi sentimiento y que acción sea: “que saques la basura cuando te pido”, “coloques tus cosas aquí”, “me llames por teléfono cuando salgas”

Así, la comunicación incluye cómo me siento que permite también a la otra persona comunicar cómo se siente también por si hay malos entendidos o comunicación no clara.

Yo pienso que los sentimientos de alguien no son cuestionables, es decir, yo puedo elegir sentirme enojada, y estoy en mi derecho a sentirme así. La pregunta que alguien más me puede hacer como “¿por qué te enoja esa situación?”, debería servir para entender la razón más allá de por qué la persona escogió el enojo o la tristeza.

Una circunstancia te puede incomodar, pero tú decides qué carga emocional tiene. Las otras personas pueden averiguar por qué decidiste escoger esa emoción, pero estás en tu derecho a esa elección.