Mujeres que inspiran: María Callas

| - Victoria147 8 febrero, 2016

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La soprano estadounidense de origen griego que enamoró al mundo, puso en el mapa para nuevos amantes a la opera y trascendió ese selecto grupo de seguidores.

 

Por Victoria147

Nacida en Nueva York, en 1923 en la familia de un emigrante griego, su pasión por el canto se desarrolló a temprana edad, cuando se asentó en el país de origen de su padre. Durante su adolescencia estudió canto en el Conservatorio de Atenas pero fue hasta 1940 cuando entró en la compañía de la Ópera de Atenas, donde permaneció cinco años “empapándose” de arte.

Ya para entonces comenzaba su éxito. Durante ese tiempo apostó por un papel moderno, en la ópera contemporánea de Manolis Kalomiris, El contramaestre. Su interpretación en papeles estelares de Sour Angelica y Tosca de Giacomo Puccini le ganaron admiración y un contrato en el Metropolitan Opera House de Nueva York, espacio que rechazó para buscar reconocimiento en Italia.

Debutó en la Arena de Verona en 1947 con La Gioconda de Amilcare Ponchielli, papel que la lanzó a la fama, dándole papeles en reconocidas óperas como Turandot de Puccini, Aida y La forza del destino de Verdi, e incluso Tristán e Isolda, de Wagner en un sólo año.

En 1949, se casó con el empresario G. B. Meneghini pero su historia de amor sólo duró 10 años. Más adelante tuvo una relación con Aristóteles Onassis, pero tampoco fue muy afortunada.

Dueña de una portentosa voz, capaz de los matices y colores más insospechados y su forma de abordar la interpretación de los personajes en escena, que parecían modernos y sensuales, revolucionó la misma interpretación de la ópera.

Ya como una estrella, recuperó algunas obras olvidadas como Medea, Tauride, Armida y Poliuto. Otros papeles que interpretó fueron Anna Bolena y Norma, de Bellini.

En 1965, Callas anunció su retiro de los escenarios ya que padecía de una salud frágil, pero no se apartó por demasiado tiempo ya que nueve años más tarde saldría de gira con el tenor Giuseppe Di Stefano a Europa, Estados Unidos y extremo Oriente.

Lejos de descansar, la soprano dedicó muchos años a enseñar canto en la prestigiosa universidad de música Juilliard en Estados Unidos. En 1977, murió de un ataque cardiaco en París. Hasta hoy, su voz y su nombre siguen siendo un estandarte de la ópera y sus seguidores en todo el mundo.