¿Por qué odiamos a las mujeres “perfectas”?

| - Victoria147 25 octubre, 2017

¿Realmente admiro la perfección, o me abruma y me arroya?

Por Odette Lomeli y María Torres Clausell para Somos Gama

 

Hace unos días, un amigo subió un post a Facebook en el que se burlaba de un comentario hecho por Martha Debayle en su programa. Muy morbosamente leí las más de 100 reacciones que tuvo el post y no hubo UNA, UNA que no fuera de desprecio o burla hacia la comunicadora. ¿Qué le pasó a esta mujer que antes era “querida”? ¿En qué momento se volvió un ser que despierta esas pasiones?

Y fue así que me quedé dándole vueltas al odio que sentimos por aquellas mujeres que son tan “perfectitas”, tan “en control”, tan “trabajadoras”, tan “digo lo que quiero”, tan “saludables”, tan “guapas”, tan “libres”, tan “empoderadoras de la mujer”, tan “saludables”… Gwyneth Paltrow, Taylor Swift, Martha Debayle… todas están cortadas con la misma tijera y provocan una rabia inexplicable. Es por eso que le pedimos a nuestras psicólogas de cabecera que nos desmenuzaran el fenómeno que son estos personajes y la razón detrás de los sentimientos que despiertan en nosotros.

“Yo creo que el otro, el de enfrente SIEMPRE va a ser tu espejo. El odio hacia Martha Debayle es justamente eso, que hay gente que no se atreve a hacer o a decir lo que ella hace y dice. Algunos le envidiarán la popularidad, el hecho de que le valga madres la crítica; otros le envidiarán el físico o el poder que tiene de mover a esa cantidad de gente (“cuentahabientes”). Al final, lo que te checa te choca. Nunca es el otro, el otro es el espejo, el que nos enseña lo que no podemos ver en nosotros. Tú puedes ver tu espalda hacia cierto punto, necesitas un espejo y ahí es donde entra el inconsciente: todo lo que está ahí que no vemos.” Psicóloga Ana Zapata.

¿Sabes por qué la mayoría de las mujeres odian a las que parecen perfectas y sabelotodo? Piensan que la perfección es la esencia de la vida, que tienen que tener un 10 en todas las categorías, todo el tiempo.

De hecho, el auténtico deseo de experimentar una vida feliz y plena dista mucho de ser perfecto. Vivimos en una sociedad que nos inunda de expectativas inalcanzables alrededor de cualquier tópico imaginable: desde cuánto debemos de pesar, comer, sonreír, poseer, hasta cuantas veces a la semana debemos de tener sexo.

Hay prototipos de mujeres que nos conectan con esas “metas” y, como despiertan al crítico que llevamos dentro, hacen parecer que nuestra vida es imperfecta, lo que nos hace sentir que son odiosas.

El perfeccionismo viene de la idea de que “no es suficiente”: nada es lo suficientemente bueno y en realidad algunas cosas lo son y otras no. Todos llevamos a algún tipo de perfeccionista dentro de nosotros, ese juez que se queja de algo.

No hay nada noble en ser un perfeccionista, de hecho el mismo término es una contradicción, pues la mera naturaleza de un perfeccionista consiste en siempre resaltar lo que está mal lo cual lo convierte en imperfeccionista.

No las odies, ese es su rol: llenarnos de aspiraciones que incluso ellas quizá a veces no pueden cumplir, pues aunque las veas siempre sonrientes, también tienen sus bajas. En el fondo la perfección de la naturaleza humana es imperfecta. La pregunta que podríamos contestarnos es:

¿Realmente admiro la perfección, o me abruma y me arroya? Cuando te motive con alegría, adelante. Cuando no:

* Oriéntate hacia la realidad, camina sobre la tierra, enamórate de tu autenticidad sabiendo que la vida es confusa e imperfecta.

* Desatórate, deja de creer que la perfección te protegerá. El perfeccionismo es la creencia de que si vivimos perfecto, lucimos perfectos y actuamos perfecto podemos minimizar o evitar el dolor, los juicios, la culpa y la vergüenza.

* Distingue con claridad. Perfeccionismo NO es lo mismo que esforzarse por ser la mejor versión de ti misma. NO es acerca del sano crecimiento y el logro, es un escudo que en realidad nos aísla de ser vistos tal cual somos.

* Cultiva el valor y el cariño hacia tu vulnerabilidad, todos estamos biológica, congintiva, física y espiritualmente construidos para querer, ser queridos y pertenecer.

* Reconócete digno en este preciso minuto, sin prerrequisitos (“si pesara 10 kilos menos”, “si me mantuviera sobria”, “si mis papás lo aprobaran”, “si lo lograra”, s”i conservara mi matrimonio”, “si pasara el examen”, “si me ascendieran”, “si pudiera”…) ahora mismo, no hay hacia donde llegar, sólo da un paso e inicia el viaje.

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