No más #BodyShaming

| - Victoria147 14 junio, 2017

Pelear con nuestros cuerpos y nuestras tallas se ha vuelto una de las actividades más desgastantes, de violencia contra nosotras mismas y eso no está bien.

Por el Hater de la Semana para Somos Gama

 

Hace poco salió como si fuera algo importantísimo que Rihanna subió de peso. Aunque algunos medios la defendieron, por el tono de las notas, parecía que no fuera una humana cualquiera a la que a veces se le pasan los tacos y los tamales. Engordó, ¿y luego? ¿En dónde está la noticia que va a cambiar el destino de la humanidad? Además, a mi parecer, lo único que ocurrió es que ahora se ve buenota.

Días después entre las pláticas con mis amistades, tocamos el tema del #BodyShaming* y volvimos a hablar de Rihanna, de que cada quién su tacos, que si Lena Dunham ya no está orgullosa de sus lonjas y que si las curvas están de moda y que las dietas… Al final creo que aunque todas concluimos que es horroroso, al menos yo me quedé con la reflexión de que debo meterme al gimnasio y dejar de comer chilaquiles en el desayuno (y tanto que me gustan). Regresé al hoyo que estaba criticando. Entonces me quedé pensando, ¿cuál es el objetivo de estar peleando con nuestros cuerpos y con los de las demás?

Y esto me lleva a lo que últimamente me está friendo el cerebro y me hace pelear y avergonzarme:  mi cuerpo ya no cabe en la ropa que cierta tiendita española produce. De hace unos tres años para acá soy talla 7, una que no usaba desde la preparatoria (tengo 31 años, así que hagan cuentas).

Así me mantuve hasta que diversos factores como el estrés, la desgraciada Navidad y el cambio de rutina al cambiar de trabajo y cierta fractura de tobillo que me imposibilitó tres meses, se tradujeron en que empecé a subir y subir como la princesa Beatriz (ignoro si hay una princesa Beatriz gorda, pero rima bien). No súper pasada pero sí tuve que bajar del clóset los pantalones talla 9 y ahora cada vez que voy compras a dicha tiendita, por supuesto que la talla M y la S que solía usar, ya no me queda tan bien como antes; eso se traduce a que ir de compras, algo que tan bien me salía, ahora es una tortura: vestidos, playeras, chamarras, pantalones, todo de la L para arriba.

Y aquí es donde me empecé a dar con el látigo del #BodyShaming, ya saben: “¿por qué me tuve que comer esa pizza?”, “ya debería hacer más ejercicio”, “odio mis piernas gordas”, “pues si Rihanna no se ve tan mal”… un ejercicio de estira y afloja mental que es tan cansado como hacer una hora de gimnasio.

Ok, lo acepto, tengo unos kilos de más, PERO recién hice un descubrimiento en la tienda competencia de las bolsas amarillas que me dejó pensando.

Hace poco fui y como gorda mental, empecé a buscar puras tallas L, ya ni me fijé en la M para no frustrarme más. Estando ahí vi un vestido realmente encantador y no tenían talla L, así que la vendedora me ofreció la M. Como no la quise desairar y a riesgo de tirarme a la depresión, le acepté la mediana. Cuál fue mi sorpresa que el vestido me quedó perfecto.

Después, haciendo memoria, me di cuenta que gran parte de las cosas que compro en ese lugar, son talla M. Es decir, ¿en las bolsas amarillas se basan en otros maniquíes para hacer su ropa? No estoy justificando mis kilos de más, o sea, sé mi veldá, pero el hecho de que las tallas no sean las mismas de un emporio a otro me hace pensar que la tiendita no sólo controla el mundo del Fast Fashion, también controla nuestras mentes y la percepción que tenemos sobre nuestros cuerpos. #BodyShaming a todo lo que da.

Y no sólo el mundo de la moda, también Instagram, las revistas, las celebridades… no sé si nuestras mamás padecían de lo mismo, pero creo que pelear con nuestros cuerpos y nuestras tallas se ha vuelto una de las actividades más desgastantes, de violencia contra nosotras mismas y eso no está bien. Y no hablo de mujeres contra mujeres, sino de nosotras contra el espejo.

Quien quiera comer unos tacos, como quien quiera ponerse a dieta y a quien le guste estar gordibuena está bien, siempre y cuando lo hagamos con convicción y sobre todo, con mucho amor por nuestro cuerpo que hasta donde sé, aún no hay trasplantes de cuerpo completo. Es el único que tenemos y lo mejor que podemos hacer es amarlo cuidarlo y respetarlo. No más #BodyShaming por favor.

El Body Shaming es un termino que se usa para señalar el acto de discriminar, ser despectivos o hacer sentir mal a alguien por el aspecto de su cuerpo*.

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