Soñemos en grande

| - Ana Victoria Garcia Alvarez 19 junio, 2015

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Times Square, 12:00 p.m. “Tenemos una agenda saturada, corramos al lunch, después tenemos tres citas, dos calls y en la noche me encantará que me acompañes a cenar con una amiga que viene de Canadá”. ¿A quién no le gusta sentir el rush de vivir en una ciudad tan enigmática y particular como Nueva York?

Pasé un mes en esta ciudad gracias a un programa de aceleración al que fui invitada, la experiencia me abrió los ojos y quiero compartirla con ustedes.

He de aceptar que viví lo que muchas de nosotras experimentamos cuando te sacan de tu zona de confort. Cuando me invitaron a postularme, mi mente se fue al: “¿Un mes? ¡Es imposible! ¿Cómo dejaré la oficina todo un mes?”… Yo lo llamo el Síndrome del Auto Sabotaje; donde somos expertas en buscar los “Por qué no” en lugar de los “Por qué sí”.

¿Te identificaste? Todo eso lo causa el miedo: al fracaso, al cambio, a lo desconocido, al riesgo… Pero sólo esas experiencias son las que te fuerzan a ser mejor cada día y logran hacerte sentir satisfecha contigo misma cuando te atreves a dar el paso. Y créanme que se siente muy bien cuando superas tus propias barreras y te das cuenta que nunca existieron, tu mente las creó ¡Somos capaces de tanto y nos retamos tan poco!

Desde mi primera semana allá, yo me sentí una local más… Me metí a mis clases de pure barre (entre pura gringa competitiva… ¡Sufrí y disfruté cada gota!), tenía mis llamadas de trabajo desde una banca en Central Park, tomaba el metro todas las mañanas y hasta encontré mi café de la esquina al que diariamente acudía para mi dosis de teína justa para empezar el día, Carrie Bradshaw se quedaba corta… Y no me vayan a decir que ustedes no veían “Sex and the City”…

Me reuní con empresarios, ejecutivos, emprendedores, fondos, bancos, agencias; en fin, los jugadores que conforman el ecosistema emprendedor. ¡Y me encantó!

Sentí que en esta ciudad no tienes limites ¡Te premian por soñar! No hay no’s a las buenas ideas, el único freno está en ti mismo. Los emprendedores se suman a los sueños más locos y las agencias y medios hablan de las grandes ideas que están revolucionando al mundo. Entre tanto rascacielos te puedes sentir diminuta y a la vez gigante, una sensación que te hace vibrar.

Es una avenida que va a 300 kilómetros por hora, debes estar dispuesto a correr si quieres ser “grande” y no todos estamos dispuestos a auto motivarnos, arriesgarnos y enfrentar todos los retos de hacer cosas grandes y no saltar desesperados de esta avenida. Pero los que optamos por quedarnos, sabemos que vale la pena seguir pensando en grande.

¿Y de qué se alimentan los que piensan en grande? De inspiración.

Mi vida ha estado llena de inspiración. Tengo casi 10 años de estar en contacto con el sector emprendedor. He tenido la oportunidad de conocer a más de dos mil emprendedores y sin importar la nacionalidad, el factor que coincide en todos los que crecieron es que piensan en grande y dan ese paso que los saca de su zona de confort.

Tal vez por mi formación académica y profesional o porque al final descubrí que yo también era emprendedora es que veo muy natural que para hacer algo, hay que hacerlo bien y en grande ¿Para qué hacer un esfuerzo si el resultado no te llena de satisfacción y orgullo? ¿Por qué pensar en pequeño?

Después de tan inspiradora experiencia me di cuenta que si quieres subirte a esa avenida e ir a 300 kilómetros por hora, debes evitar a aquellas personas que no creen en pensar en grande, que son negativas, que son expertas en el “No” y que por ende no te suman sino te restan. Ellos son tu freno de mano… ¿Y quién quiere derraparse en la carretera poniendo el freno de mano al ir a tal velocidad?

Antes de terminar, quiero aventarme un gran ¡GRACIAS! a mi equipo. Sin él, mis sueños quedarían en eso. Gracias a las creyentes, a las luchonas y a las que se contagian de mis “Si’s”.

Te invito a que pierdas el miedo a ser grande, comienza a sentirte cómoda fuera de tu zona de confort, visualiza siempre lo que quieres alcanzar y sobre todo, rodéate de gente que te impulse a cumplir tus objetivos

¡Inspírate e inspira! Pero sobre todo, comencemos a soñar… Soñemos en grande.