Renunciar en tiempos de odio

| - Maria Santarini 7 junio, 2016

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Renunciar hoy es protestar en contra de un sistema de antaño, lleno de óxido, a punto de desplomarse.

Por María Santarini

Me encanta mi trabajo. A través de él he tenido la oportunidad de aprender acerca de un montón de industrias, conocer a gente increíble y estar en contacto con una cultura tan diferente y tan similar a la mexicana: la británica.

No me molesta quedarme horas extras para terminar un proyecto. Cuando estoy enfocada pierdo la noción del tiempo y si no fuera por mi jefa directa nunca me daría cuenta de que ya es mi hora de salida.

No, mi problema no es mi trabajo, no son las horas, no es que no quiera echarle ganas y sacrificar tiempo que pudiera estar usando en mí. Mi problema, como el de muchos “millenials” (odio el término, pero en fin…), es que los negocios se siguen administrando de una forma verdaderamente ineficiente y vacía. Vivimos para trabajar, trabajamos para ganar dinero, ganamos dinero para ganar estatus… ¿Y luego? Luego, si tenemos suerte nos retiramos a los 65 sin haber hecho nada de nuestras vidas más que dinero para alguien más.

Esta fórmula funcionaba. La gente tenía un empleo seguro saliendo de la universidad y podía ir escalando la jerarquía empresarial hasta llegar a ser [inserte aquí el título de su preferencia]. Y eso, supuestamente, era suficiente. Hoy en día las empresas llenan su base de empleados de becarios, trainees y juniors que quieren con experiencia y de tiempo completo para pagarles dos quintos. Estos sub-empleados tienen mínimas oportunidades de llegar a conseguir una plaza con un salario digno. Porque los salarios que alcanzan para comer y vivir están reservados para los altos mandos de las empresas. Los seniors, los VIP.

Estos seniors son los que se sienten todopoderosos. No dan explicaciones por sus acciones (mucho menos si se trata de organizaciones pequeñas), piensan que la explotación y el abuso laboral no solo deben de ser norma, pero hasta los debes de aguantar con una sonrisa en la cara. ¿Por qué? Porque saben que el mercado laboral está canijo. Saben que vas a aguantar sus agresiones hasta que se pueda hacer patè con tu hígado porque ¿a dónde te vas a ir?

En una relación laboral no se hacen favores. El empleador paga por el tiempo del empleado y todo está estipulado en un contrato que firman las dos partes. Yo no tengo derecho de venir a trabajar como si le estuviera haciendo un favor a mi empleador y él definitivamente no tiene derecho de actuar como si me estuviera haciendo un favor al darme chamba.

Renunciar hoy es renunciar en tiempos de odio. Odio hacia una generación enterita que tiene sus defectos como cualquier otra. Odio a la mujer que nada más nos va a traer dramas y nos va costar sus 12 semanas de maternidad. Odio al trabajador (gracias Peña Nieto y su reforma laboral). Odio al que no tiene trabajo y odio al que tiene que trabajar.

Renunciar hoy es protestar en contra de un sistema de antaño, lleno de óxido, a punto de desplomarse.