Sí, acepto…

| - Ana Perez Cristo 10 abril, 2015

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Mis amigas y yo estamos en la etapa en la que cada domingo por la noche cuando abrimos Facebook, no es necesario scrolear demasiado para encontrar la noticia de que alguna conocida/amiga se casa y sale con su “padrísima foto”, enseñando su anillo. También se ha vuelto común que cada vez que platicamos, por “x o y” sale a relucir el tema de casarse, sin importar dónde haya iniciado la conversación.

¿Por qué pasa esto? ¿Quién nos dijo que entre los 25, 28 o antes, tenemos que encontrar a la persona de nuestros sueños? ¿Cuántas personas se han casado con la primera persona que encontraron por el miedo a no encontrar a nadie más o por la necesidad de cumplir un “objetivo” de vida?

El otro día veía Scandal – una serie sobre política de Estados Unidos – y el personaje principal mencionó la siguiente frase: “What kind of a coward was I to marry her and not wait for you to show up?”. La cual me shockeó, porque efectivamente creo que nos encontramos en un “rush” por encontrar a la persona ideal para enamorarnos y casarnos.

Evitar la presión está “cabrón”, pero tomar esta decisión basada en la urgencia que tienen otras personas porque nos casemos es una estupidez. Somos nosotros quienes tomamos la decisión – porque sí, porque el sujeto le cae muy bien a nuestros papás y juega fut con nuestros sobrinos, porque ya se nos estaba pasando el arroz o porque en verdad esa persona es el amor de nuestra vida hasta que pruebe lo contrario -, pero somos también nosotros los que tenemos que vivir el día a día de esa decisión. Me parece evidente que hay algunas parejas que no deberían serlo y me da tristeza pensar que actualmente estamos en la etapa de bodas (me encanta la fiesta) pero sin duda, en algún momento estaremos en la etapa de los divorcios.

Mi post no tiene la intención de ser deprimente. Lo escribo porque hoy confirmo que todo llega a su debido tiempo y con quien menos lo esperas. Siempre pensé que me iba a enamorar de un señor unos cuantos años mayor que yo con un look estilo Alejandro Fernández, pero la vida puso en mi camino a un ser completamente diferente que a lo largo de los años se ha convertido en mi mejor amigo. Conoce mi intensidad y ésta no representa un reto a su paciencia. No sólo acepta cada una de mis locuras (y son muchas), se emociona conmigo. En pocas palabras, es una persona que está, que comparte y que vive la vida conmigo. No cumple con mis expectativas (o la lista de requisitos que incluía el “perfect fit” para el traje de charro, como Alejandrito), en definitiva las superó… y por mucho. Además, llegó en el momento perfecto: cuando no me lo esperaba.

Es obvio que escribo esto para agradecerte, JE, todo lo que hemos compartido. También, para que aquella persona que lea esto y se sienta una fovever alone, le dé tiempo al tiempo. No es necesario cumplir con las expectativas de otras personas ni tomar decisiones apresuradas que afectarán el resto de nuestras vidas. Lo mejor llega para cada uno en el momento indicado, ni un minuto antes.