El Síndrome de la Cartera y las Llaves

| - Valeria Stoopen Barois 26 diciembre, 2014

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Por Valeria Stoopen

 

A ver a quién le suena esto:

Sábado a punto de salir a la comida familiar, tu esposo dice: ¡Vámonos! Toma, su cartera, sus llaves y se sube al coche.

Mientras tanto tú: terminas de arreglarte, recoges tu cuarto, cierras las ventanas, “Mamá me peinas?”, le sirves de comer a los perros, te fijas que los cuartos estén cerrados, regañas al niñito al que le solicitaste en varias ocasiones antes que “¡de una vez por todas recoja esos legos o los recoges tú y se van para siempre!”, trapeas el baño porque la de 10 tuvo la increíble iniciativa de bañar al perro (o inundar el baño, cuestión de enfoques), recoges la cocina en la que todos, muy amables, fueron llevando sus platos y depositándolos por todos lados, en lugar de meterlos en la lavadora (de esos misterios que JAMÁS entenderé…¡¿qué les cuesta de veras?!) y paralelamente vas dando instrucciones tipo : “aquí hay unos zapatos que recoger”; “cierren la puerta de su cuarto”; “¿terminaron la tarea?”; “llévense un sweater”…cuando por fin tienes tu bolsa, los niños están listos, sweater, agua, todo, abres la puerta y se escapa el perro, todo el mundo le grita, logras meterlo…. y por fin te sientas en el coche exhausta… preguntas al esposo: “¿subiste el pastel que estaba en la entrada? (obvio recién preparado y razón por la cual estuviste toda la mañana en la cocina y no en un masaje de relajación. Nota mental: la siguiente vez vete al masaje y compra el pastel).

Y el marido encantador, responde: “No, no sabía que había que traerlo….”

Y en ese momento hay de dos sopas:

1. Explota la bomba.
2. Respiras muy profundo y te tragas tus comentarios (en mi caso nunca aplica)

o, les tengo una nueva:

3. Lo procesas bajo la premisa que mi hermana y yo hemos denominado: “El Síndrome de la cartera y las Llaves”

He pasado horas con muchas mujeres en distintas edades y situaciones hablando acerca de este fenómeno, todas, T-O-D-A-S estamos de acuerdo y todas tenemos 873,657 anécdotas para documentar los hechos. Compartir nuestros pesares y quejas con las amigas siempre es liberador ¿a poco no? Y cuando todas las quejas coinciden en una misma conclusión pues entonces ya es un hecho comprobado.

La logística que implica coordinar: casa, familia, vida social, compromisos de la escuela, del trabajo del esposo, jardín, mascotas, super, tintorería, staff, reparaciones, mejoras en el hogar, amigos y todo tipo de actividades implica mucha organización, pero si además tienes una chamba la cosa se pone todavía mejor, especialmente si, como yo, eres un “poco” neuras y no te gusta andar cargando con pendientes.

Pero lo sorprendente, es que entre más hago, más puedo hacer; me organizo mucho mejor cuando sé que tengo una agenda llena que cuando tengo dos cosas y entonces me doy el lujo de postergar y me ataca la desidia y la flojera. Estar en modus robot me hace pasar de una tarea a la siguiente con una eficiencia sorprendente. Cero me siento especial por ello, sé que tú haces lo mismo y probablemente incluso mejor y con más hijos, o trabajo o actividades, no tengo ninguna duda de que las mujeres resolvemos, entregamos, llegamos, estamos y damos de manera espectacular. Y por esa razón nos da tantísimo coraje que el compañero XY tenga la desfachatez de, aparentemente, no hacer nada más que tomar su cartera, sus llaves y estar listo para lo que sea mientras nosotros malabareamos un circo de seis pistas.

Pero les tengo una noticia: después de años de alimentar esta teoría y hacer “algunos” berrinches, empiezo a pensar que puede haber otro lado de la moneda. Porque ahora tengo un hombrecito de  7 con el que, no me lo tomo personal, como sucede con mi Sponsor, y eso me permite observar el fenómeno fríamente, y descubrir que en realidad, eso de la cartera y las llaves no lo hacen por joder sino que es parte de su ADN.

Los hombres se ocupan de su cartera y sus llaves porque eso es lo que para ellos, en ese momento, es lo que se necesita. No porque no tengan empatía, falta de interés o quieran descomponernos el día, no por malvados o desinteresados, sino porque para ellos lo que importa en ese momento es eso y lo demás es lo de menos. Sí, me quiero jalar los pelos cuando esto pasa en mi casa igual que todas ustedes. Fuera de que sería genial que le pusieran más ganitas a la participación en el hogar y tomar consciencia de todas las implicaciones que tiene mover una familia; los hombres tienen la increíble capacidad de concentrarse solo en el momento presente, en lo que pasa o se necesita o quieren en ese momento y dejar todo lo que no les hace falta en ese instante para después (o para nunca, pero por lo pronto para después). Si es hora de irse se van, de comer se sientan, de estar se instalan, creo que en general van por la vida más ligeros, y creo que tal vez nosotras tendríamos que aprender a hacer eso más seguido.

Complicarnos menos la vida, bajar el estándar de calidad y bajarle tres rayitas al multitasking. Obvio para que fuera el mundo ideal, los hombres tendrían que hacer más de lo nuestro y nosotros más de lo de ellos (para allá vamos)…pero por el momento yo creo que mejor vamos haciendo algo por nosotras. Por qué pasarnos la vida siendo la Vieja del 71 (la que entendió, entendió y la que no: está muy chava) con una lista de quejas y demandas contra los maridos la verdad es que no nos va a servir de nada. Y porque con todo y las ganas que me dan de ahorcar al mío cuando pasan esas cosas, quisiera aprender un poco de este género y disfrutar más el momento.

Necesitamos recordar que si bien hay cosas que necesitan hacerse aunque no sean horas, varias pueden quedarse pendientes, otras son innecesarias y muchas ni siquiera nuestra responsabilidad; como limpiar obsesivamente las mochilas de tus hijos, repito: de TUS hijos (o sea: ¡de ELLOS!)…No me cansaré de decirlo Señoras: el camino a la felicidad es soltar y dejar que cada quién se ocupe de cada quién. Estamos formando adultos responsables de ellos mismos, no niños que necesiten para siempre una Mamá y eso se empieza hoy, ahorita, con cada hijo (a), sin importar la edad, DE-JA-LOS aprender a hacerse cargo de ellos mismos. Sí querida, eso implica dejar que se equivoquen, reprueben, se tarden, les dé gripa por no haberse llevado un sweater y quedarse sin derecho a un privilegio por no cumplir una obligación. Se llama: asumir las consecuencias de sus actos.

Y me parece que también, el camino es aprender a ser más como los hombres, más ligeras, más enfocadas al momento presente, menos complicadas. Creo que si logramos integrar eso a nuestras vidas podremos encontrar una mejor fórmula en el camino del crecimiento personal. Y si entendemos que el Síndrome de la Cartera y las Llaves es, sin duda, enloquecedor por momentos pero básicamente una manera de ser intrínseca de nuestros queridos hombres, podremos quitarle estrés a nuestras relaciones y simplemente entendernos mejor y ser más felices.

Te invito a que este 2015 hagamos eso: vivir más en el presente, soltar las cosas que pueden esperar y dejar ir las que no te corresponden. A viajar más ligera y poder salir de tu casa, o de cualquier situación, simplemente con tu cartera y tus llaves…y probar que se siente.

¡Que tengan un extraordinario 2015!