Un hombre honorable

| - Victoria147 16 octubre, 2015

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Envuelto en su jubón, la cara cubierta con el ala de su sombrero y las botas altas se oculta el hombre admirado por hombres y mujeres por igual. Sus ojos verdes parecen leer el alma, la calidad de persona que está frente a él. Una cualidad que le sirve mucho, en el mundo en que vive es necesario juzgar acertadamente a una persona, antes de recibir una estocada traicionera.

Su pasado militar lo dejó marcado, las cicatrices van desapareciendo de la piel, pero en la memoria perdura, mutan y lo acosan, por eso pasa algunas noches en vela, sentado en el pequeño comedor, con un vino prestado, su daga y espada a la mano y su pistola sobre la mesa.

En una sociedad deteriorada, que sobrevive con migajas mientras la clase política gasta el oro que no tiene, un héroe tiene que sobrevivir. Sobrevivir al hambre, a la persecución, a sus demonios internos y a los que andan por la calle en las sombras.

Asesino a sueldo por necesidad, cargado con una conciencia benévola que no lo dejaba descansar pero la acallaba con la compañía de buenos amigos, poetas, vino y un religioso que comprendía su estado y no lo juzgaba. En la bondad que lo caracterizaba adoptó al joven hijo de un compañero en armas, lo entrenó y convirtió en escudero, su compañero fiel, su manto de seguridad y su contacto con la humanidad.

Con amor a una patria que le había dado la espalda, con el peligro constante de morir y con el miedo de cualquier hombre que busca ser fiel a sus principios, vivió bajo sus reglas. Pero esto nunca lo hizo comprometer sus principios, jamás dio una estocada por la espalda y el oro, que necesitaba y buscaba, no fue aliciente para cometer los crímenes atroces que cualquier “colega” ejecutaría.

El Capitán Alatriste siempre vivió bajo un código de honor, con benevolencia hacia los que se lo merecían y una sombra de muerte pisándole los talones. Lo puedes conocer más en la serie escrita por Arturo Pérez-Reverte que relata las historias de un veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII.

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