You’ve got mail!

| - Sofia Villa Boy 26 junio, 2015

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Hace algunos días me desperté con una sorpresota en mi mail. Un amigo, quien fuera mi “primer amor” a los 15 años, me mandó un mail por mi cumple. Exactamente un mes más tarde (si se les olvidó también, no se preocupen, todavía pueden mandarme un regalo), pero se acordó. La verdad, no lo esperaba ni poquito. Mi amigo no tiene Facebook y jamás hemos intercambiado celulares, así que mail “es lo que hay”. Cabe mencionar que incluso un mes más tarde, tiene mucho mérito que se acuerde de mi cumpleaños, considerando que Facebook no le envía recordatorio alguno.

Cuando lo conocí, sufrí el primero de ya varios desajustes hormonales, de esos que confundes con “amor para toda la vida”, aunque “toda la vida” suele durar menos de un año.

Me acuerdo perfecto: lo vi a lo lejos y me dio igual. Eso sí, cuando me lo presentaron de cerca: ¡BOOM! Las maripositas eran más como murciélagos, consecuencia del caos hormonal del momento. Hoy que soy, según yo, mucho más racional, me da risa la situación completa: piernitas cual Bambi, cara roja tipo semáforo y una elocuencia de impacto. Eso sí, en cuatro horas no me callé. Esa capacidad inusual que tengo para socializar con quien tenga la suerte (buena o mala) de estar frente a mí y que se relaciona directamente a mi incapacidad para el silencio – algunas veces yo solita me mareo -, se puso en práctica durante toda la fiesta.

En fin, nos conocimos, yo me morí por él desde el minuto 0, me tuve que ir algunas horas después y él, muy hábilmente, consiguió papel y pluma y me pidió mi mail. En 10 años, nunca nos hemos vuelto a ver por aquello de vivir en diferentes continentes, pero durante mucho tiempo platicamos DIARIO y por HORAS. Nos volvimos amigos muy cercanos, lo más parecido a un pen pal de mi época. Con el tiempo dejamos de escribirnos tan frecuentemente, hasta que simplemente dejamos de hablar. Súper tetos.

Hace un par de años retomamos contacto – lo que significa que nos mandamos dos o tres mails para ver qué era del otro. Y punto. Hasta ahí la relación durante un buen rato, pero hace poco llegó ese mail que me hizo el día: se acordó de mi cumpleaños y me escribió sólo para saber qué tal la vida. Es una de esas amistades extrañas, en la que lo que menos ha importado es la distancia y siempre es divertido volver a hablar. Son mis amistades favoritas. Todavía tengo una respuesta pendiente pero por lo pronto esa mañana, ni las filas de los bancos, ni el tráfico infame, ni todas esas cositas que molestan han logrado borrarme la sonrisota por despertar con mi sorpresa de cumpleaños.

Aunque no nos veamos de nuevo, es increíble pensar que somos amigos. Más allá de solicitudes de amistad y likes, del chisme de todos los días y las felicitaciones de cumpleaños, es muy fácil retomar la conversación como si hubiéramos hablado ayer. No creo mucho en el destino, pero estoy segura de que hay personas que aparecen en tu vida una sola vez y de ti depende aprovechar la oportunidad y disfrutarla. Me queda muy claro que cuando se dan esas relaciones, no puedes dejarle al azar la decisión de conservarlas.